Un concepto que circula últimamente por todos lados es el de “meritocracia”, el poder del mérito.
Vivimos una fantasía de que los resultados de nuestros éxitos son directamente proporcionales a nuestro esfuerzo. No es verdad. La competencia no puede ser leal cuando no partimos de la misma situación o igualdad de condiciones. No es lo mismo haber nacido en una situación de desventaja que en una situación de cierta ventaja social que posibilita partir de una mejor educación, cobertura de salud y consumos culturales distintos.
Pensar el mito que “quien se esfuerza logra su objetivo” me parece que lo que encubre es la necesidad de una política social que garantice que todo el mundo tenga la misma igualdad de oportunidades.
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