En la vida suceden una serie de cambios espontáneos y naturales. Resistirlos no ayuda. Desgasta. Drena. Nada quita más energía que luchar contra aquello que no puedes cambiar. Es una condena a la decepción perpetua.
Dejar que la realidad sea la realidad. A eso se le llama “amor fati”, amor al destino.
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