1º CAPÍTULO
1
EMPEZAR
Despierta! ―me gritó mi hermana tirándose encima
de mí―. Hoy es el día en el que recogemos las notas.
No querrás llegar tarde…
―¡Jessica, es temprano aún! Déjame ―dije dándome la
media vuelta.
―¡Que te despiertes!
―¡Vale!
Riéndose se fue corriendo, y a mí no me quedaba otro remedio
que levantarme. Ya habíamos acabado el curso y hoy
nos tocaba ir al instituto a recoger las notas. Al final salté de
la cama y fui a la cocina con mi hermana.
―¡Ya era hora! ―me dijo
Fui a coger mi tazón de leche y ella vino por detrás. Sin dejar
que tomase ni un solo sorbo, me arrastró hacia fuera.
―¡Vamos a por las notas!
―Jessica, aún no he desayunado. ¿Puedes dejarme, por
favor?
―¿Y qué más da que no lo hagas por un día?
Al final me sacó de casa sin escuchar mis quejas. Pero
¿qué mosca le había picado?
―¡Rápido!, quiero llegar la primera.
―Tú ya tienes tus notas. Realmente no entiendo para qué
tanta prisa por recoger las mías.
―No sé… ¿Tú no tienes ganas de saber cuántas has suspendido?
―me preguntó toda ilusionada.
Así que era eso. Quería saber si había suspendido alguna
para burlarse de mí. Muy típico de ella. Jessica me llevaba corriendo
y en nada llegamos al instituto. Como era de esperar,
no había nadie. Habíamos llegado los primeros. Nos acercamos
a clase y allí estaba el director.
―Hola ―le dije una vez dentro.
―Buenos días ―me saludó―, ¿cómo te llamas?
―Soy Ángel Blanco.
―Señor… Dígame… ¿Cuántas ha suspendido mi hermano?
―preguntó de un modo adorable Jessica.
―¿Eres su hermana?
―Exacto, Jessica Blanco.
―Bueno, Jessica, he de decirte que tu hermano no ha suspendido
ninguna. Es un buen estudiante ―respondió el director
mirando por encima de sus gafas.
―¿Y para esto lo he arrastrado a estas horas hasta aquí?
¿Para que haya aprobado?
Indignada se fue de la clase. Me despedí de él y fui detrás
de ella. Al salir choqué con una chica y la tiré al suelo. Era la
pesada de Nerea, amiga de Natalia. Estoy seguro de que seguía
sospechando que no éramos normales después de haberla
salvado de un ataque de los esbirros de Agnes. Cuánto
me arrepentía de haberlo hecho.
―Deberías mirar por donde vas, bobalicón ―me dijo de
malas maneras.
―No tengo tiempo de aguantar tus idioteces. Lo siento,
Nerea.
―Serás…
―Hola, bobalicón… ―me dijo otra voz a mi espalda.
Me giré y vi a Grétel, nieta de madame Teodora. Era bruja
y medio ángel.
―Por favor, no me llames así ―le rogué.
―Lo siento, bobalicón ―repitió y me abrazó.
Era muy buena amiga. En poco tiempo había conseguido
que todos la quisiésemos mucho.
―¿Qué notas has sacado? ―me preguntó con brillo en los
ojos de la emoción.
―Notables, soy un crack ―le dije, tocándome el mentón en
plan chulesco.
―Muy bien, grandullón. Ahora me toca a mí, deséame
suerte.
―¡Suerte! ―le grité antes de que se fuese.
Me giré y vi en ese momento a mi otro amigo, Daitay, acercarse.
―Muy buenas notas, te felicito ―me dijo, dándome un golpecito
en el hombro.
―Muchas gracias ―le contesté sonriendo.
Daitay era un vampiro al que habíamos convertido en
medio-ángel gracias a la brujería de Grétel. Al principio todos
desconfiábamos de él, pero ahora nos había demostrado que
decía la verdad, que era bueno y estaba de nuestra parte.
―Y tú ¿qué tal? ―le pregunté, aunque sabía que sus notas
serían mejores que las mías.
―Muy bien, todos dieces. La verdad es que no me puedo
quejar ―me dijo serio.
―Natalia se enfadará contigo―le dije riéndome.
―¿Por qué? ―preguntó preocupado sin entender nada.
―Porque seguro que la has superado ―bromeé. ―Lo mío
no tiene ningún tipo de mérito. ¿Historia? La he vivido y todo
lo demás se va aprendiendo con el tiempo, que no es que a
mí me falte precisamente.
―Me voy, que mi hermana Jessica al final ha conseguido
escapar de mí. Nos vemos luego.
Me dirigí corriendo en dirección a por donde la había visto
marcharse. Esta niña era realmente extraña. De nuevo tropecé
con algo, y esta vez fui yo quien cayó al suelo.
―Deberías ir con más cuidado. ¿Y tú eres quién ha salvado
al mundo dos veces? No sabemos en manos de quién está realmente
el planeta ―dijo en plan de burla mi gran amigo Javier.
Recordé cuando estuvo en poder de Agnes durante casi
todo un año. Conseguimos liberarlo cuando nos enfrentamos
a ella. Fue una batalla dura, y lo pasamos muy mal. Solo de
recordarlo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
En ese momento mi amigo me tendió la mano para ayudarme
a levantar.
―¿Qué tal las notas? ―le pregunté, sacudiéndome el
pantalón.
―Como estuve ausente todo el curso tengo dos opciones.
La primera repetir, descartada, y la segunda trabajar este verano
e intentar recuperar todas las asignaturas, o por lo menos
la mayor parte ―me contestó animado.
―Me parece una buena opción. A tiempo de repetir siempre
estás, por lo menos intenta salvar el curso ―le dije con
prisas.
―¿A dónde vas?
―Mi hermana se me ha escapado, voy a buscarla.
―Oh, oh… ¿Te ayudo a encontrarla? ―dijo entusiasmado.
―Si quieres… Pero tenemos que irnos ya ―dije ya en
marcha.
Empezamos a caminar y alguien me saltó a la espalda y
me tapó los ojos.
―¿Quién soy?
―Pufff… qué complicado… A ver… ¿Natalia? ―dije para
darle juego.
Bajó y se puso delante de mí.
―Qué inteligente ―contestó sarcásticamente.
Natalia era una de las personas más importantes de mi vida.
Era mi amiga desde siempre, y desde hacía un tiempo nuestra
relación era un poco complicada. También era medio-ángel.
―Restriéganos de una vez las notas que has sacado. No nos
hagas sufrir más, por favor ―le pidió animado Javier.
―Palabras textuales del director: «Natalia Cruz, la alumna
con las mejores notas de la clase. ¡Todo sobresaliente! Enhorabuena
» ―nos dijo dando saltitos. La felicitamos con un
abrazo colectivo.
En ese momento mi hermana Jessica nos salió al encuentro.
―La verdad, Ángel, no es que persigas muy bien que digamos
―me dijo medio enfadada, cruzando los brazos.
La atrapé y la tiré por los aires para luego cogerla, mientras
los cuatro nos reíamos.
―Salgamos de aquí. No sé por qué pero el instituto me da
malas vibraciones ―dijo Javi, poniéndose serio.