Primer capítulo. La Vindicta


1º CAPÍTULO

1
EL COMIENZO

Habíamos empezado el curso y esperaba acabarlo igual
que el anterior: casi todo con notables y algún que
otro sobresaliente. Natalia, para variar, tendría todo
sobresaliente. Javier…, bueno, él era más de suficientes. Los
tres seguíamos siendo inseparables. Atrás quedaba un verano
lleno de emociones fuertes ―pero nada que ver con los demonios―.
Después de la batalla, ni Patry ni Agnes habían dado
señales de vida. Mucho mejor así. Mis padres nos hacían un
poco más de caso a mi hermana y a mí. Habían cogido sus
vacaciones al mismo tiempo para pasar más tiempo en familia,
y la verdad es que todos lo agradecimos.
Lamentablemente hoy volvíamos al instituto. Al entrar
al recinto se veían personas corriendo de un lado a otro para
fundirse en un abrazo. Risas y voces por ver a los amigos
de nuevo, pero pocos se alegraban de haber regresado para
volver a encontrarse con los libros de estudio. En ese momento
vi fugazmente algo que corría como una bala y luego
se lanzaba sobre mí. La cogí en brazos y, nada más hacerlo,
comprobé lo que ya intuía: era Natalia, con su sonrisa de
siempre. La primera mitad del verano había estado con ella,
pero la otra mitad se marchó de viaje y desde entonces no
la veía. Aunque acabáramos de regresar de las vacaciones
en las que los rayos del sol nos acariciaran más intensamente,
ella seguía igual de blanca.
―¿Qué tal, grandullón? ―preguntó aún en mis brazos.
―Muy bien, ¿y tú? ―le pregunté notando un escalofrío recorrer
todo mi cuerpo.
―Estupendamente ―me contestó sin apartar su mirada de
la mía.
Intercambiamos una sonrisa. En ese momento llegó la inconfundible
Nerea, la mejor amiga de Natalia. Seguía igual
de pesada que siempre.
―Huy…, ¡aquí hay amor! ―dijo con voz aguda, abriendo
los brazos hacia Natalia.
Natalia salió de entre los míos y fue a abrazarla. Vi como
las lágrimas asomaban en los ojos de ambas. Al cabo de un
rato se separaron.
―¿No os abrazáis? ―preguntó Natalia.
Nerea y yo nos miramos horrorizados.
―Venga, hace tres meses que no os veis, solo un abrazo
―pidió Natalia juntando las manos.
Alargué los brazos para coger a Nerea. Ella hizo lo mismo.
Nos abrazamos, pero entre los dos había un espacio que dejaba
pasar el aire. Un abrazo bastante distante, la verdad, y
nos dábamos golpecitos en la espalda.
Natalia reía por lo bajo ante nuestra reacción. En seguida
nos separamos.
―Bueno, espero que te valga ―le dijo Nerea―. Voy a saludar
a más gente.
Nada más irse ella, llegó corriendo Javier y abrazó por
detrás a Natalia, levantándola dos palmos del suelo. No le
noté ningún cambio porque había pasado todo el verano con
él, compartiendo incluso algunos momentos memorables,
nada extraño tratándose de Javi. Natalia y él se abrazaron
muy fuerte. Se separaban, se miraban y se volvían a abrazar.
Cuando llegó mi turno, solo nos dimos unos golpecitos en el
hombro, ya que precisamente el día anterior nos habíamos
visto.
Ahora estaba el grupo al completo. Sonó la campana que
indicaba que las clases empezaban de nuevo.